___Mientras seguía adelante con lentitud, llamaron mi atención dos figuras humanas. Quizá debido a cierto integral agotamiento pensé en una hermosa muchacha y en cómo estaba yo tan solo en el ancho… mundo, y que eso no podía estar bien. Los reproches que yo mismo me hacía me atacaron por la espalda y me salieron al paso en el camino, y tuve que luchar duramente. Ciertos malos recuerdos se apoderaron de mí. Las autoacusaciones me pesaron de pronto en el corazón. Así que busqué y recogí flores a mi alrededor, parte en un bosquecillo, parte en el campo. Empezó a llover suave y calmadamente, con lo que el tierno paisaje se volvió aún más tierno y silencioso. Era como si el cielo llorase, y mientras recogía las flores escuché el leve llanto que caía sobre las hojas … cálida y débil lluvia de verano, ¡qué dulce eres! ¿por qué recojo flores?, me pregunté, y miré pensativo al suelo, y la tierna lluvia aumentó mi ensimismamiento hasta convertirlo en tristeza. Vinieron a mi mente todas las faltas cometidas, infidelidad, odio, terquedad, falsedad, fraude, maldad y toda clase de violentas y feas intervenciones. Pasión desbocada, salvajes deseos, y cómo había incluso hecho daño a algunas personas, cómo había sido injusto. Como un escenario lleno de dramáticas escenas se me revelaba la vida pasada, y hube de asombrarme involuntariamente ante mis numerosas debilidades, ante toda desatención y dureza que había mostrado. Entonces apareció ante mis ojos la segunda figura, y de pronto volví a ver al hombre viejo, cansado, pobre y abandonado que había visto tendido en un bosque hacía algunos días, y tan miserable, pálido y moribundo, tan doliente y mortalmente agotado que su triste y angustiosa visión me había asustado profundamente. Ahora veía en espíritu a ese hombre cansado, y me sentí débil. Sentí la necesidad de tumbarme en algún sitio, y como había cerca un lugar amigable y recogido a la orilla, me acomodé, agotado como estaba en cierta medida, en el blando suelo, bajo las ingenuas ramas de un árbol. Contemplando la tierra, el aire y el cielo, me vino el doloroso e irremisible pensamiento de que era un pobre preso entre el cielo y la tierra, que todos los humanos éramos de este modo míseros presos, que sólo había para todos un tenebroso camino, hacia el hoyo, hacia la tierra, que no había otro camino al otro mundo más que el que pasaba por la tumba. “Así pues todo, todo, toda esta rica vida, los amables y sentenciosos colores, este encanto, esta alegría y este placer de vivir, todas estas humanas importancias, familia, amigo y amante, esta clara y tierna luz llena de bellas y divinas imágenes, las casas paternas y maternas y los dulces y suaves caminos perecerán un día y morirán, el alto sol, la luna, los corazones y los ojos de los hombres”. Pensé largo tiempo en ello, y pedí perdón en silencio a las personas a las que quizá pude haber hecho daño. Durante largo tiempo me sumí en inconcretos pensamientos, hasta que volví a pensar en la muchacha, tan hermosa y llena de juvenil frescura, que tenía unos ojos tan dulces, buenos y puros. Imaginé vívamente lo encantadora que era su bella boca infantil, lo hermosas que eran sus mejillas, y cómo su presencia física me hechizaba con su melodiosa ternura, cómo hace tiempo le pregunté algo, cómo bajó los bonitos ojos en la duda y en la incredulidad, y después, cómo dijo “no” cuando le pregunté si creía en mi amor sincero, mi cariño, entrega y ternura. Las circunstancias le habían ordenado viajar, y partió. Quizá hubiera podido convencerla a tiempo de que tenía buenas intenciones, de que su querida persona me era importante, y de que por muchos hermosos motivos quería hacerla feliz, y con ello a mí mismo; pero no me esforcé más y ella partió. ¿Para qué entonces las flores? ¿recogía flores para depositarlas sobre mi desdicha?, me pregunté, y el ramo cayó de mis manos…____

Robert Walser